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El Partido Comunista celebra su noventa cumpleaños con más gancho en las tiendas hippies que en los colegios electorales. En los tenderetes, no hay rival ante las camisetas del Ché, las gorras con la hoz y el martillo o las banderas de la URSS. Mola más una serigrafía de Stalin que la cara de un pavo de la canción. Pero en las urnas, los treinta años de democracia sirven para confirmar un deterioro progresivo del apoyo electoral y, lo que es peor, a un vaciado continuo del contenido. Ya lo venía advirtiendo desde hace tiempo Julio Anguita, que la izquierda necesitaba pararse un momento y pensar. “Los contenidos del socialismo, el comunismo o la anarquía han sido asumidos por la sociedad actual, que los ha vaciado de contenido y ha vendido sus continentes, sus envoltorios, en El Corte Inglés. Vengo proponiendo que debemos sentarnos, sin prisa, y sin horizonte electoral, a discutir, todos los que nos llamamos de izquierda, qué entendemos por eso”.
Incluso este aniversario del PCE transcurre sin reflexiones sobre la crisis de la izquierda, sin proyectos nuevos para el futuro, y un aniversario sin ideas ni pensamiento sólo conduce a la nostalgia o a la depresión. El aniversario se reduce a las estampas en blanco y negro de aquel Sábado Santo, a la peluca de Carrillo y a las hostias que le siguen dando a Julio Anguita por la osadía de haber querido crear una coalición de izquierda que le disputara al PSOE la hegemonía de la izquierda. “El grave error de la pinza”, repiten quienes le hicieron la vida imposible, quienes le vetaron en sus medios de comunicación y quienes horadaron con submarinos la estructura de Izquierda Unida hasta conseguir lo único que perseguían, un lugar al sol de la hegemonía socialista. ¿Dónde están ahora? Curiel, Almeida, Sartorius… En fin.
En estos treinta años de historia en democracia, el Partido Comunista ha tenido que luchar siempre contra el hándicap de representar la lucha antifranquista, el pasado, mientras que, en frente, el PSOE logró presentarse como el futuro, la modernidad, la ruptura. Para combatir ese lastre, Santiago Carrillo fomentó, junto a los comunistas italianos y franceses, la idea del eurocomunismo, que fracasó en España cuando la ola de “cambio” de Felipe González los barrió del mapa. Del resto de historia reciente del PCE, sólo se salva Julio Anguita. Por mucho que quieran presentar su etapa como la obra de un loco, la única verdad es que los años de gestión de Anguita (1989-1999) son los más fructíferos. Supo sacrificar el PCE para conquistar una nueva izquierda, abierta, moderna y plural, bajo las siglas de Izquierda Unida. Aquella Convocatoria por Andalucía, que tenía como bandera la honestidad y la coherencia, es el mejor pasado y el único futuro. Ética, modestia, y decencia. Identidad comunista.
"Es el reconocimiento de lo sagrado lo que nos define como humanos: a diferencia de lo que cree cierto "naturalismo" ingenuo, lo sagrado no es preocupación y exigencia de los dioses sino preocupación y exigencia de los humanos."
"Para negarnos a la muerte, hay que elegir una empresa, una cruzada, un propósito que se quiera invulnerable y que nos haga deambular sobre la faz de la tierra -a nosotros, que nos sabemos mortales, que lo único cierto e inapelable que conocemos es nuestra mortalidad irrevocable- como si fuésemos inaccesibles a la muerte."Y es que "el proyecto moral humano -sigue diciendo FS- no estriba en convertirnos en inmortales sino en vivir como si mereciésemos la inmortalidad, como si nada en nosotros estableciese complicidad con la muerte o le rindiese vasallaje".