
La democracia de Estados Unidos tiene un punto de inocencia infantil, de sociedad adolescente. Mucho de lo que ocurre allí, en los excesos y en los defectos, sería inconcebible en la vieja Europa. Como esta polémica de ahora, en la que uno se queda con la sorpresa de conocer que el presidente de los EEUU graba hasta las reuniones en su rancho de Tejas. Y al cabo de unos años, se hacen públicas para que el personal las conozca. Las que se han publicado en España de Bush y Aznar tienen el objetivo único de seguir azuzando los demonios de la Guerra de Irak, pero sirven igual.
Por cierto que la sorpresa de esas conversaciones es Aznar, su comportamiento. Que Bush estaba decidido a lanzar el ataque contra Irak ya lo sabíamos, quedó tan claro desde el principio como las artimañas que utilizó para justificarlo, los informes falsos de la CIA y su desprecio de la unidad internacional que había conseguido tras los atentados de las Torres Gemelas. Todo eso lo sabíamos y ahora lo que se pretende es azuzarlo de nuevo, sólo que la sorpresa mayor ha sido que Aznar, en esas conversaciones, no queda como un pelele, el pelota de Bush, sino que, de forma reiterada, lo alerta de la importancia de contar con una resolución de la ONU que ampare la Guerra y con el apoyo del mayor número de aliados posibles. «Lo único que me preocupa de ti es tu optimismo», le dice Aznar a Bush, en plan lapidario, ya al final de la conversación, como asomándose al abismo por que el acabaría despeñándose él, todo su gobierno y la propia Guerra de Irak.
Pero lo novedoso, ya digo, es esa costumbre de Estados Unidos de grabar, y publicar después, este tipo de conversaciones que servirán para los historiadores y también para que cada cual coloque a cada uno en su sitio. Que vivimos tiempos en los que las valoraciones y los juicios acaban imponiéndose a los propios hechos. Desde ese punto de vista, lo que, por ejemplo, no se entiende nada bien es la escandalera que se forma en España cuando, por ejemplo, se piden las actas de las reuniones que ha mantenido el Gobierno con la organización terrorista ETA. Es verdad que nunca se ha hecho, ni con González ni con Aznar, pero estaría bien que, aprovechando el momento, se dieran a conocer todas a la vez. Para comparar.
¿Y las conversaciones de Zapatero en La Moncloa? ¿No sería importante saber de qué habla, qué promete el presidente en algunas reuniones trascendentales, como aquella con Artur Mas en las que se desbloqueó el Estatuto catalán? ¿Y qué le dice a Chaves cuando lo visita? Al contrario que en los Estados Unidos, en España se considera secreto de Estado hasta los compañeros de baloncesto que lo frecuentan cuando el presidente juega en La Moncloa. Y el oscurantismo del Gobierno de la nación, se hace opacidad absoluta cuando se desciende a las autonomías, a estos virreinatos de barones regionales. ¿Cuántos resistirían una democracia como la que permite en Estados Unidos grabar al presidente hasta en su rancho de Tejas?