
Si se pudieran separar los componentes, como en una solución química, veríamos que en la crisis del PP, azulada y viscosa, se han mezclado elementos muy distintos. Todo comenzó con las dudas de media España de que Rajoy pueda ganarle algún día a Zapatero. Luego se agregaron la soberbia y la ambición de un sector del PP en Madrid, que se lanzó a la guerra de guerrilla, sin enemigo visible para Rajoy, pero con ataques continuos y demoledores. Finalmente, la incompetencia de Rajoy para gestionar una crisis, para liderar el partido en la tormenta, para erigirse sobre el resto con la palabra, la seducción y el convencimiento, que es la cualidad que adorna a los líderes sobre el resto.
Lo que no encontraremos en la disección de la crisis, por muchas vueltas que le demos, es aquello que con más insistencia se reitera: El cambio ideológico del líder del PP. Nada avala, ni escrito ni hablado, que exista ese cambio. Otra cosa es que algunos confundan estrategia con principios. Y son cosas distintas, vamos a ver. Entre la confrontación total y el aislamiento, situación a la que el PSOE abocó al PP en los últimos años y que en la derecha muchos recibieron con deleite guerrero, y la disposición a dialogar con todos lo que media no es un cambio de principios, sino de estrategia. Y Rajoy dice estar en eso, en cambiar el paso.
Desde luego que ese camino nuevo no está exento de peligros, entre otros el de confundir la amabilidad con la nadería. Ya advirtió Zarkozy que la izquierda llena de complejos a la derecha, de forma que, al final, acaba justificando siempre lo que no es, en vez de defender lo que piensa. Como si tuviera prohibido hablar de inmigración, de inseguridad, de moral… “Y sólo a partir de la identidad política se pude ampliar el espectro electoral”, afirmó Zarkozy, como si le regalara la receta a quienes andan todo el día buscando el elixir del centro político.
Que Rajoy, en fin, ha demostrado muchas carencias, pero lo que no parece, como dicen algunos, es que se haya vuelto abertzale. Que se sepa,
lo único que ha dicho es que, si el Gobierno ha cambiado de política en la lucha contra ETA, si ha abandonado el proceso de paz, si ha regresado a la posición anterior, si eso se ha producido, es absurdo que el PP, que defiende lo mismo, siga oponiéndose. Y sin embargo, ya ven la que le está cayendo. Le está ocurriendo como a su primo de Sevilla, el catedrático de Física, Javier Brey.
Una vez le preguntaron sobre el cambio climático y dijo algo tan razonable como que si “traes a los cien mejores científicos del mundo, no te pueden decir al cien por cien de probabilidades si pasado mañana va a llover en Sevilla. Y, sin embargo, hay pseudocientíficos que saben lo que va a ocurrir dentro de 300 años con el cambio climático". ¿Para qué dijo nada? Los apóstoles del cambio climático le hicieron el budú, se mofaron... Los dos primos, achicharrados en la misma solución química, breados a palos por lo que no han dicho. Breados… Será cosa de los Brey. Como diría Herrera, de los Brey de toda la vida.