Sevilla no es la ciudad de las personas, como reza la propaganda municipal, sino la ciudad de los disparates. Al largo suma y sigue se añade ahora éste del enfrentamiento entre los partidarios de una biblioteca y los defensores de unos árboles. Árboles contra bibliotecas, y viceversa. Parecía imposible. Pues lo han logrado.
Nota: sobre el asunto hay ya bastante "blogografía". Por ejemplo
AQUÍ y
AQUÍ.