
La izquierda española ya le ha encontrado la rentabilidad a la crisis económica. Tras un primer momento de turbación y duda, el PSOE ha descubierto que, en el fondo, la crisis económica supone una gran oportunidad de negocio electoral. Primero fue Felipe González, al señalar las contradicciones de la economía de mercado y del neoliberalismo por aplaudir ahora la intervención de los gobiernos para evitar el desastre financiero. La crisis –sostiene Felipe- ha acabado con la teoría dominante en los noventa de que el mercado, por sí mismo, es capaz de solucionar todos los desajustes.
La interpretación de González, hasta cierto punto razonable, debió parecerle tímida y pacata a la progresía que, muy poco después, lanzó en tromba a sus trovadores para que clamaran contra el capitalismo salvaje de los Estados Unidos. ¿Cómo resistir ante la oportunidad de una lucha contra el imperialismo yanqui? ¿Cómo perderse otra batalla contra ‘el trío de las Azores’, los halcones de la Casa Blanca, y Bush y Aznar con los pies sobre la mesa? Imposible claro. En adelante, en España, y sobre todo en Andalucía, ya no habrá otro debate, porque la crisis se ha reconducido al terreno habitual de todas las polémicas. “¿Qué es la crisis? La crisis es de derechas, de los neocón y de Aznar”. Ya lo proclaman en las tribunas Zapatero y Chaves y, tras ellos, todos los demás. ¿Cómo no haberle visto antes la ganancia a la crisis?
Por eso, porque volvemos a este laberinto inútil, que tanto cansa ya,
aconsejo un leve repaso por algunos de los ‘detalles’ que pasa por alto esta clac progre. Antes de su estruendoso catacloc, la financiera norteamericana Lehman Brothers no sólo no estaba considerada como un tiburón del capitalismo, sino que representaba todo lo contrario, un adalid de lo políticamente correcto. Políticas de paridad en los órganos directivos, medidas sancionadoras contra la discriminación sexual y un fondo de solidaridad creado con las aportaciones de los empleados y de la propia empresa, que doblaba la cantidad que donaran los primeros.
No sólo eso, además, Lehman Brothers era una de las abanderadas contra el cambio climático. En su informe sobre la economía y el cambio climático, “
The Business of Climate Change”, la financiera vaticinaba el desastre del clima en el año 2100, el coste que ello tendría en la economía, y detallaba un abanico de recomendaciones a los inversores. Ya ven, qué cosas. Si no supiésemos que la culpa es del capitalismo salvaje, cualquiera diría que el problema de Lehman Brothers era de otra naturaleza. Quizá lo que dijo, cabreado, uno de los empleados de la firma en Londres: “Esto ha sido como entregar la herencia de un banco de 158 años al nieto más tonto”.
(Otro día hablamos de los créditos basura, porque tengo una duda: ¿Cuándo se debe considerar que un banco comete ‘capitalismo salvaje’ cuando concede créditos a personas con pocos recursos o cuando se los niega? ¿Las cajas de ahorro son también exponentes del capitalismo salvaje?)