
En el crispado y convulso ambiente de la Universidad de los años setenta, una alumna le espetó, no sé si en clase o en una asamblea:
-"Usted es un instrumento de la burguesía".
-"Mire, señorita", le replicó sonriendo Martín de Riquer, "esto es imposible... porque yo soy miembro de la aristocracia."
Era, en efecto, marqués de Benavent y conde de Casa-Dávalos.